PENITENCIAGITE


En Arquypiélago hablamos el idioma de Babel. Como el fratelli Salvatore en El nombre de la rosa, desearíamos mezclar las palabras y los idiomas. Más allá del Spanglish o el Portuñol existe un sinfín de dialectos que enriquecen a las lenguas propiamente dichas. En realidad las lenguas existen sólo en las vitrinas de la academia, con una ortografía y una pronunciación idílicamente impecables. El resto de los mortales hablamos en tonos de gris, siempre con matices, siempre con defectos.
Babel representa el origen de las lenguas, pero también representa el infinito en arquitectura. No es igual la trasformación que experimenta el Adagio de Albinoni en cada nueva versión, o el Guernika tras su restauración, que los avatares sufrido por el Partenon a lo largo de su historia. La arquitectura es habitada, o sea, incompleta. Por mucho que nos afanemos en mostrar fotos de postal, nuestros edificios nunca estarán terminados. Según esto, debemos normalizar la mezcla sin fin de los idiomas, como normal debemos ver esa imagen de Babel inacabada.