Arquitectura Social


Antes que nada debemos aclarar que no faltará quien diga que toda la arquitectura es social, sin embargo, hace ya muchos años que las viviendas en España no se construían en absoluto con fines sociales sino especulativos. Que las ciudades hacían obras faraónicas pensando más en su imagen y posición en el tablero nacional o mundial que en el bienestar de sus vecinos/as; que el urbanismo desconfiaba de la participación ciudadana o de las evaluaciones ambientales. Entonces, cuando comenzó a cambiar la situación económica, descubrimos que existía una burbuja inmobiliaria (años antes Ramón Sánchez Durán lo había denominado Tsunami urbanizador) o que la “ordenación del territorio” lejos de ser ordenada, era totalmente insostenible.


Existe sin duda una arquitectura y un urbanismo que no son sociales: corrupción urbanística, especulación inmobiliaria, destrucción del medio ambiente son algunas de sus consecuencias.

Queremos hablar de una arquitectura social que tiene que ver con la producción social del hábitat en general y con la vivienda social, la cooperación al desarrollo o el urbanismo participativo en particular.

Las Palmas de Gran Canaria es uno de los puntos de encuentro de esa arquitectura social. Nos referimos a la apuesta que está haciendo por mirar hacia adelante, primero con el inicio de su particular proceso de reflexión estratégica, luego con la apuesta truncada de ser Capital Europea de la Cultura en 2016 y ahora con el Plan de Internacionalización (PIC).

Queremos mirar hacia adelante y por eso estamos apoyando todos estos procesos. También impulsamos la revista Márgenes de Arquitectura Social, en colaboración con la Federación de Arquitectura Social, para mostrar el trabajo que se está desarrollado en esta materia en toda España.