sábado, 27 de abril de 2013

Arquitectura Social


Antes que nada debemos aclarar que no faltará quien diga que toda la arquitectura es social, sin embargo, hace ya muchos años que las viviendas en España no se construían en absoluto con fines sociales sino especulativos. Que las ciudades hacían obras faraónicas pensando más en su imagen y posición en el tablero nacional o mundial que en el bienestar de sus vecinos/as; que el urbanismo desconfiaba de la participación ciudadana o de las evaluaciones ambientales. Entonces, cuando comenzó a cambiar la situación económica, descubrimos que existía una burbuja inmobiliaria (años antes Ramón Sánchez Durán lo había denominado Tsunami urbanizador) o que la “ordenación del territorio” lejos de ser ordenada, era totalmente insostenible.


Existe sin duda una arquitectura y un urbanismo que no son sociales: corrupción urbanística, especulación inmobiliaria, destrucción del medio ambiente son algunas de sus consecuencias.

Queremos hablar de una arquitectura social que tiene que ver con la producción social del hábitat en general y con la vivienda social, la cooperación al desarrollo o el urbanismo participativo en particular.

Las Palmas de Gran Canaria es uno de los puntos de encuentro de esa arquitectura social. Nos referimos a la apuesta que está haciendo por mirar hacia adelante, primero con el inicio de su particular proceso de reflexión estratégica, luego con la apuesta truncada de ser Capital Europea de la Cultura en 2016 y ahora con el Plan de Internacionalización (PIC).

Queremos mirar hacia adelante y por eso estamos apoyando todos estos procesos. También impulsamos la revista Márgenes de Arquitectura Social, en colaboración con la Federación de Arquitectura Social, para mostrar el trabajo que se está desarrollado en esta materia en toda España.

miércoles, 17 de abril de 2013

Distritos a debate

Cambiar en 2011 el nombre del Distrito Puerto-Canteras para pasar a llamarlo Guanarteme-Puerto-La Isleta fue un error achacable a la ausencia de un debate serio y sosegado sobre la actual configuración de los Distritos de nuestro Municipio. Cualquier intento de avanzar en la ordenación de la ciudad pasa ineludiblemente por una subdivisión distrital que responda a la realidad histórica, geográfica o social de nuestra ciudad en el presente. Los actuales Distritos por el contrario son la respuesta a la ciudad que éramos en 1990. Después llegó la circunvalación en sus cuatro fases, el crecimiento exponencial de Tamaraceite, la vocación todavía frustrada de recuperar la unión de Vegueta y Triana, y así muchas otras cosas que no reflejan los actuales Distritos.
Además no podemos confundir los barrios con los Distritos. Los primeros tienen un profundo arraigo ciudadano, mientras que los segundos, teniendo su importancia administrativa, para la ciudadanía no van más allá de una cuestión burocrática.
Por todo esto, llamar a un Distrito con los nombre de algunos de los barrios que lo componen (aunque estos barrios sean La Isleta y Guanarteme) no es más que una forma de profundizar en la confusión que tenemos todos con esta subdivisión propia de grandes ciudades.
Tenemos que decir, sin embargo, que existe un Distrito que sí posee su propia identidad más allá de los barrios que lo componen. Nos referimos al Distrito Ciudad Alta, que define con toda claridad la porción de ciudad que acoge. Los vecinos de Schamann o Escaleritas no tienen ningún problema en identificarse con su también querida Ciudad Alta. Se trata de un buen ejemplo del carácter vertebrador que pueden jugar los Distritos, más allá de su valor administrativo.
Debemos añadir, que, si queremos que este tema empiece a formar parte de un debate ciudadano, no podemos eludir nuestra responsabilidad a la hora de lanzar nuevas ideas. Aquí van pues algunas preguntas para alimentar dicho debate:
¿Se podría plantear la existencia de un Distrito Verde y Azul, ya apuntada por el Plan Estratégico Proa2020, que abarque todo el entorno rural y natural de nuestro Municipio y cuyo límite con el resto de la ciudad fuera la actual Circunvalación?
¿Podríamos plantear la existencia de un Distrito Ciudad Baja, que al igual que sucede con el de Ciudad Alta, permita ser vertebrador de esta parte tan singular de Las Palmas de Gran Canaria?
¿Podríamos hablar de un Distrito Norte con centro en Tamaraceite y de un Distrito Sur, compartido con el Municipio de Telde, y con centro en Jinámar-Marzagán?...
Sirvan estas preguntas como una declaración de principios del Municipio que queremos.

martes, 9 de abril de 2013

MÁRGENES 5. TONUCITTÁ

Ya está en la red el  número 05 de la Revista Márgenes de Arquitectura Social, Tonuccittá, dedicado a actuaciones que giran en torno a la infancia y su relación con la ciudad y la arquitectura.

Este nuevo número ha sido coordinado por Otro Hábitat en la línea de convertir la revista Márgenes en un lugar de encuentro también para la Federación de Arquitectura Social, y siguiendo los primeros pasos dados por Arquitectos Sin frontera Castilla y León que tomaron las riendas del número anterior, Cooperatura.

Puedes ver todos los números de la revista aquí: Revista Márgenes de Arquitectura Social

domingo, 7 de abril de 2013

TAGOROR: LUGAR PARA LA PARTICIPACIÓN

Los Auditorios, esos viejos conocidos de todas las ciudades españolas, son instalaciones dedicadas al deleite de nuestros oídos, tal y como su propio nombre indica. Durante los años 1980 y 1990 del pasado siglo todas las ciudades destinaron espacios y dinero para su construcción. La década de 1990 fue también la de los Centro Cívicos, como espacios vinculados a los barrios dedicados a la dinamización social. La primera década del siglo XXI por desgracia hizo caer a muchas de nuestras ciudades en la tentación de las grandes obras (al amparo de los descomunales ingresos que producía la burbuja inmobiliaria)
Teniendo en cuenta el carácter cíclico de todos estos procesos, ahora podemos deducir que vuelve a ser el turno de la descentralización de los espacios. Tras los Auditorios, los Centros Cívicos, las grandes ciudades culturales, ¿no podría ser ahora el turno de la participación ciudadana?, esto es, ¿no podríamos reciclar, rehabilitar o construir espacios especialmente preparados para dicha participación?
Estos Tagorores tendrían que estar en todos los barrios y prestar una función de generadores de debates, opinión y contraste de ideas. Eso es precisamente lo que se acaba de terminar en La Isleta. Un Tagoror del siglo XXI.