"Ojalá fuese así todos los días"

Parking Day en Las Palmas de Gran Canaria. Arquypiélago
Foto: MICROmacro

El pasado mes de septiembre volvimos a celebrar el Park(ing) Day, después de cuatro años. Esta vez fuimos invitados por el colectivo MICROmacro, y con la participación del huerto urbano La Chimenea.

El evento, que se celebra una vez al año en ciudades de todo el mundo, consiste en sustituir plazas de aparcamientos por un pequeño parque provisional durante un día.

Cada vez que lo celebramos nos surge la misma duda: ¿Cómo reaccionarán las vecinas y vecinos al quitar las codiciadas plazas de aparcamientos? La respuesta se resume con la frase más repetida: "Ojalá fuese así todos los días". La empatía mostrada por vecinas, estudiantes, paseantes e incluso por las trabajadoras de los comercios de la calle fue absoluta. Los transeúntes se acercaban a preguntar con curiosidad y a expresar el "buen rollo" que generaban esos metros de espacio verde que permitían una acción tan infravalorada como la de sentarte a charlar con las personas que comparten la calle. La conclusión es que cada vez es mayor la conciencia de que es necesaria una transformación de la ciudad.

El desarrollismo y la especulación que generaron una ciudad de grandes infraestructuras en las décadas pasadas ya no valen. Ahora entendemos lo que hemos perdido. En el siglo XXI el urbanismo debe buscar, sobre todo, la calidad de vida, la calle y el barrio amable, la ciudad humanizada de las relaciones sociales y del encuentro entre vecinas.


A las 6 de la tarde se recogió el césped artificial, las sillas y las plantitas prestadas, y en un par de minutos todas las plazas de aparcamiento volvieron a estar ocupadas por coches. La calle volvió a ser de los peatones y de los coches, de quienes simplemente circulan y pasan de largo. Nos estamos perdiendo la ciudad. Pero al menos ahora lo sabemos, y recuperarla es incluso más sencillo que haberla perdido.

¡Imaginemos! ¿Qué podemos hacer en un espacio de 2x5 metros? ¿Qué necesita nuestra calle? Una mesa para que los estudiantes hagan los deberes o para jugar a la ronda, un tobogán, una mesa de ping pong, un jardín cuidado por las vecinas... Simplemente, un pequeño espacio, como el de una plaza de aparcamiento ocupada por unos bancos y la sombra de un árbol o un toldo, son suficientes para que podamos encontrarnos, conocernos y hablar en cualquier calle con la dignidad que merecen las relaciones entre vecinas y vecinos.