Empadronamiento Emocional


Estamos empadronados en el lugar en el que circunstancialmente hemos ido a parar. Pero hay algún otro lugar con el que estamos atados emocionalmente. El lugar donde está nuestra familia, o donde nacimos, o donde soñamos que algún día iremos a vivir. Ese lugar puede ser otro barrio de nuestra ciudad, otro pueblo de nuestra isla o puede estar al otro lado del mundo. Allí vivimos cuando cerramos los ojos y recordamos o imaginamos.

Hay muchos lugares de nuestra geografía que se han ido despoblando con los años. Sobre todo en las zonas rurales. Precisamente por esas circunstancias que nos llevaron a buscar nuevas oportunidades. Porque el padrón real, el de la vida pragmática, se impuso sobre el emotivo. El Empadronamiento Emocional nos permite regresar, aunque sea simbólicamente a ese origen.

Pero es más que eso. Visto desde el lado contrario, es una forma de que los lugares despoblados vuelvan a recuperar la atención que nunca debieron perder. Es una llamada de esperanza, diciéndonos que aún están ahí y que tienen toda la autenticidad original para ofrecernos.

El proyecto

El Empadronamiento Emocional es un proyecto que hemos comenzado en la zona norte de Gran Canaria, donde están algunos de los pueblos que más población han perdido en las últimas décadas. Cada persona o familia podrá empadronarse en el lugar al que le unen lazos afectivos, y a partir de ahí empezar un proceso participativo donde aportar propuestas para revitalizarlos.

Queremos localizar en un mapa el lugar de residencia de personas nacidas en las medianías del norte de Gran Canaria (Caideros, Fagajesto, Juncalillo, Barranco Hondo de Gáldar, Montaña Alta de Guía o Fontanales de Moya) con el fin de proponer nuevas vías para mantener vivos los lazos que todavía existen con las tierras y las historias de nuestros antepasados. En ese mapa queremos mostrar que, además de los habitantes actuales, hay vecinos y sus hijos y nietos, que siguen viviendo en esas poblaciones emocionalmente.